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¿Por qué Nueva York fue centro de la Mafia Italiana?

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Comienzo de la inmigración en Nueva York

 

La mudanza de Little Italy

En el siglo XIX el sur de Italia estaba abandonado como un hijo no deseado. El industrializado norte apenas prestaba atención a una población rural, conservadora y socialmente muy atrasada. Una evidencia: a principios del siglo XX el 70% de los italianos de sur eran analfabetos, un porcentaje diez veces superior al de ingleses, franceses o alemanes. Como la pescadilla que se muerde la cola, los sureños respondían dando la espalda al Estado que les despreciaba y organizándose por su cuenta: en núcleos familiares que asistían todas las necesidades. Se quisiera o no. Muchas de estas familias formaban la conocida mafia que, al fin y al cabo, no era más que un sistema social surgido de una población abandonada por el sistema oficial. La cosa no marchaba, ya que el supuesto «contra-estado» miraba solo por sus intereses sumergiendo a gran parte de los ciudadanos en la pobreza. Muchos de ellos decidieron largarse y gran parte eligió Estados Unidos como destino, lo que convirtió a la italiana en la minoría europea más numerosa de Norteamérica. Nueva York fue el lugar predilecto.

 

Entre 1860 y 1880 se instalaron en la ciudad unos 68.500 italianos. Cuando comenzó el siglo XX la tendencia se disparó, aupada por desastres naturales como la erupción del Vesubio o el terremoto en Sicilia. En 1920 casi 400.000 italianos vivían en Nueva York, casi todos ellos en el mencionado Lower Manhattan. Se agolpaban en lo que enseguida se conoció como Little Italy. A los recién llegados les atraía no tener que hablar inglés, conocer a paisanos y estar a un paso de casi todas las partes interesantes de la ciudad. Curiosamente, dentro del barrio, se dividieron según su procedencia: los del norte se instalaron en la calle Bleeker, los genoveses en Baxter y los sicilianos en la calle Elizabeth. Los napolitanos optaron por Mulberry y la mayoría de calabreses estaban en Mott y Lafayette. Todas estas son, hoy, calles excelentes para tomar el brunch. Por si fuera poco, cada comunidad hablaba su dialecto y crónicas de la época recogen, incluso, algunos enfrentamientos entre ellos. Casi todos se dedicaban a la construcción (el 90% de los obreros de la construcción en Nueva York a principios del siglo XX eran italianos) y trabajos manuales, también al comercio de fruta y verdura. Sus condiciones de vida —como la de la mayor parte de inmigrantes de la época— no eran las mejores: vivían hacinados en tenements y trabajaban por salarios irrisorios, además de no poder contar con un Estado todavía en construcción. En total, un inmejorable abono para que el trasplante de la mafia floreciera. Little Italy estaba dominada por los «capos» que, a principios del siglo XX, tomaron el control del barrio.

 

Nueva York - Fotografía de Jacob Riis 4

 

El paisaje duró hasta los años 30, época en la que muchas familias italianas decidieron moverse al norte, a East Harlem (hoy barrio hispano por excelencia) y, sobre todo, al Bronx, en busca de mejores y más económicas formas de vida. La Little Italy del Lower Manhattan comenzó entonces a perder vecinos italianos y no ha dejado de hacerlo hasta hoy. Solo los mafiosos sostuvieron la fama del barrio, ya que durante muchos años siguieron operando en los restaurantes que allí permanecen. El grueso de la población italiana salía adelante en el Bronx (ojo, también con mafia), especialmente en zonas como Belmont, al norte, donde se instaló la mayoría. Las viejas fotos de cientos de italianos vendiendo fruta en atestadas calles con carros de caballos dieron paso a las imágenes de peinados de gomina y cadenas de oro mientras sacaban brillo al Cadillac. Finalmente también esas instantáneas se borraron: con los años el etnicismo geográfico fue perdiéndose y los italianos se mimetizaron con los nativos, se integraron, hasta llegar a lo que son hoy en día: una parte vital de la sociedad estadounidense desvinculada de la mafia, que opera a otros niveles y en otros ámbitos. No todo se perdió. Algunos barrios sí sobrevivieron. Es el caso de Belmont, que mantuvo su espíritu y sus vecinos y hoy en día es considerada la auténtica Little Italy de Nueva York. A diferencia de otras zonas del Bronx, Belmont es un barrio seguro, de clase media-alta, con una universidad cercana y muchos visitantes los fines de semana. Si lo que se quiere es ver un verdadero barrio italiano en Nueva York es aquí a donde se tiene que acudir. Cada calle lleva añadido un cartel con el nombre de una región italiana: está la calle Piamonte, la Calabria, la Campania… banderas tricolor en las ventanas y escaparates, también pintadas en paredes y bocas de riego. A lo largo de la avenida Arthur se suceden las pizzerías, algunas escandalosamente buenas, como Roberto’s, donde se degusta el sabor del horno de leña. En una tienda de coches de segunda mano ondean banderas de Ferrari y un chico saca la basura con la camiseta del Nápoles. En mitad de la avenida hay un mercado, en el que se vende, además de pasta, todo tipo de productos frescos mediterráneos.

También aquí se puede leer el periódico The Italian Tribune, el primero italoamericano de Estados Unidos. Belmont es, a día de hoy, el verdadero oasis étnico italiano de la ciudad. El superviviente de una historia de inmigración irrepetible.

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